Bicentenario del natalicio de D.F Sarmiento
Buenos Aires, 14 de febrero de 2011
Queridos docentes, alumnos, padres y madres:
El martes 15 de febrero, celebramos el bicentenario del nacimiento de Sarmiento. Desde muchos ámbitos, en toda la extensión del país, le rendiremos homenaje pero me interesa señalar que Sarmiento y educación son sinónimos. Porque mientras su historia de político y gobernante pueden discutirse, el educador debe vivir en el respeto de todos.
En este aniversario hay dos aspectos excepcionales de Sarmiento que quiero señalar. Primero, como creador obsesivo de la escuela pública argentina. Como alguien dijo, en este ideal “acumuló la firmeza de su carácter, la integridad de su honradez y la pujanza de su inteligencia”. En segundo lugar, precisamente el tema de la honradez. No concibió gloria ni fortuna sino por los caminos de la rectitud e integridad.
Sin duda que las mejores propuestas pedagógicas y la más moderna tecnología deben incorporarse a nuestras escuelas. Pero enfrentamos un trabajo adicional: simplemente, recuperar la calidad de nuestra educación. En un proceso de deterioro sobre el que hay consenso y que no es responsabilidad de ningún gobierno pasado en particular, el nivel de nuestra educación pública ha ido cayendo. Aquel nivel de calidad –imaginado e inicialmente liderado por Sarmiento- fue durante cien años la más clara ventaja competitiva que tuvimos con respecto a muchos países en vías de desarrollo. Tenemos la obligación –entre todos- de restablecerlo.
En este bicentenario tan especial quiero entonces acercarme con entusiasmo y respeto a toda la comunidad educativa. Maestros, alumnos y familias que sostienen vivo el sueño primero de Sarmiento: solo la educación nos hará libres. Quiero sumarme e invitarlos a festejar y recordar, como un ejemplo, a aquel argentino excepcional que construyó con sus propias manos un mejor destino para todos.
Les mando un fuerte abrazo
Esteban Bullrich
Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.


Esteban,
es un alivio para un ciudadano que transitó y sigue transitando el ámbito de la educación ver un Ministro de Educación que reivindique a quien ha sido, a mi modesto criterio, quizás el más grande argentino de la historia. La “political correctness” (eufemismo pergeñado por un mal entendido progresismo que tanto daño le hace al debate -y de rebote, a las instituciones- democraticas republicanas) muchas veces fuerza a los tibios funcionarios nacionales, provinciales o municipales a tergiversar la historia o ignorar lo que ella nos ha mostrado desde siempre: la Argentina empezó a perder el rumbo de la historia y del progreso real cuando empezó a abandonar el legado de un visionario de la educación en serio, como herramienta no solo de cultura sino de progreso material individual y colectivo; cuando la cultura de la calidad y el mérito capituló ante el clientelismo y el voluntarismo populistas.
Te felicito por la valentía de volver a poner a aquel que hizo posible que mis abuelos, mis padres, y toda nuestra generación tuviera el privilegio de vivir en el país mas avanzado de Latinoamerica, aunque eso tambien ya sea historia.
Un saludo afectuoso
Gonzalo Villarruel
Está muy bueno el comentario, Esteban!
Yo creo que junto con Alberdi, Moreno y algunos otros próceres, Sarmiento fue un ícono de la “mejor Argentina” (la que estaría bueno poder recuperar) y que como tal, se merece más que un homenaje en el bicentenario de su nacimiento.
Sobre todo para que todos los chicos sepan quién fue, qué hizo y se entusiasmen con estos genios que nos dejaron los fundamentos de nuestro país…
Propongo que este homenaje se realice en todas las escuelas a comienzos del ciclo lectivo 2011, y se organicen actividades al respecto, que puedan difundir la obra de Sarmiento y los caracteres de este genial personaje.
Propuestas concretas? concursos, juegos, y actividades que les diviertan a los chicos, para lograr entusiasmo.
Saludos y felicitaciones!!!!
Estimado Ministro:
Me dirijo a Ud. respecto a su carta remitida a todos los docentes del sistema educativo de la Ciudad que se refiere al bicentenario del nacimiento de Domingo F. Sarmiento.
En primer lugar, quiero agradecerle el gesto de recuperar la figura del llamado “maestro de América” para pensar nuestra actual situación educativa. Sin duda, su propuesta es superadora de aquellas que la limitan a entonar un himno ya vetusto o a poner flores frente a su busto.
También coincidimos con Ud. en la apreciación del sanjuanino como uno de los principales impulsores de la escuela pública en nuestro país. Pero nuestras discrepancias comienzan en la lectura que hacemos de su obra. Al respecto, debo decirle que la principal preocupación de Sarmiento no fue la calidad educativa, término proveniente del discurso empresarial en boga en el ámbito pedagógico desde las reformas neoliberales de la década del 90, sino la igualdad educativa, término que fue recuperado por las tradiciones políticas democratizadoras a lo largo de la historia de nuestro país.
Como prueba de esto, véase el siguiente extracto de su escrito Educación Común de 1851: “Hasta ahora dos siglos había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio, para la aristocracia; pero el pueblo, la plebe, no formaba, propiamente hablando parte activa de las naciones (…) (Por eso) “la Instrucción Pública tiene como objeto preparar a las nuevas generaciones para el piso de inteligencia individual (..) y preparar a las naciones en masa para el uso de los derechos que hoy pertenecen ya a tal o cual clase”.
A diferencia de lo que Ud. sostiene, me permito plantear que Sarmiento no concebía a la educación como un reservorio de “ventajas competitivas”, sino como un derecho político y social inalienable de toda la ciudadanía. Por eso apoyó los primeros movimientos gremiales docentes –como el de San Luis en 1881-, construyó edificios escolares dignos, fundó instituciones de formación docente, privilegio el gasto público en el área, y la liberó de los controles dogmáticos.
Los cinco puntos enumerados en el párrafo anterior marcan la distancia entre estas posiciones y las actuales políticas educativas en la Ciudad de Buenos Aires. Y me aventuro a imaginar a Sarmiento pronunciando alguna de sus frases jocosas o lapidarias si alguien le hubiera dicho que había que educar para competir mejor en el escenario internacional, en lugar de hacerlo para formar mejores ciudadanos mediante el ejercicio igualitario de sus derechos.
Como verá, nuestras lecturas de la historia son encontradas, y hasta en algunos puntos opuestas. Por eso ruego tome esta carta como una invitación a un debate que sería bueno dar dentro del sistema educativo en este año bicentenario.
Sin más, lo saluda atte.
Pablo Pineau
Profesor de la ENS N. 2 “Mariano Acosta”
Ex presidente de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación