La Voz Joven

En sus zapatos

diciembre 2, 2009
En sus zapatos

Quizás hayamos escuchado sobre los míticos cirujas o linyeras que elegían por motus propia  la intemperie como una manera de mostrar su rechazo a la sociedad y su ejercicio de libertad. Pero lejos se encuentra esa realidad de la que hoy nos acompaña. La crisis política y económica que el país ha sufrido estos últimos años han dado paso  a una forma más dramática e indeseada del desamparo… La de gente que ha tenido un oficio, sueños y proyectos, y que casi de un día para otro, se encontraron a la intemperie.

Entre cartones y  bolsas , con muebles que otra gente descartó y ellos rescataron de la basura, nos encontramos con estas personas, que ya han perdido el pudor a las miradas y viven en un mundo que posiblemente no podamos imaginar, al cual ya se han acostumbrado.

La experiencia nos muestra que la indigencia no es un fenómeno nuevo; siempre hubo personas que adoptaron las calles como su hogar. Pero como ciudadanos debemos preguntarnos y sorprendernos, al ver la inmensa cantidad de personas que viven hoy en las calles de la ciudad. Familias enteras que exponen sus últimas y únicas pertenencias a quienes pasan caminando. Más cartoneros se instalan bajo las autopistas y en las veredas de los diferentes barrios y construyen así sus forzados refugios.

¿Cuántos de ellos hubieron sido hace unos años pertenecientes a la denominada clase media? Cuántos habrán tenido que dejar sus antiguas costumbres, empezar de cero y entender la nefasta situación en la que se encuentran: saber que ya no habrá un hogar al cual regresar, en donde criar a sus hijos, donde envejecer a salvo.

Nos preguntamos cuál es la delgada línea que nos separa entonces de estas personas, qué nos impide ver la magnitud de este problema, y entender que aquellos que nos miran desde el suelo arrimando sus manos en un gesto de auxilio, son también personas. Personas con las que tenemos más en común de lo que incluso nos gustaría creer.

En el aumento influyen el cierre de plazas, el auge de los desalojos y la falta de vacantes en hogares y paradores. Durante años todos hemos dado vuelta la cara, y seguido nuestro camino, esperando que al alejarnos, el problema se vuelva de otro. Criticando la falta de atención por parte de los organismos gubernamentales, olvidándonos que el voto no nos desliga de la responsabilidad. Somos parte del problema, parte de la negligencia que tanto se reprocha a los políticos de turno.

Puede sonar remoto, pero el eje de este problema como el de muchos otros, es entender que la Ciudad la hacemos entre todos.

Es hora de dejar de mirar para otro lado.

Cecilia Rago


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