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Las bases
de los acuerdos generacionales son que las mujeres y los hombres de
una generación tienen una vivencia similar, una visión
similar de las cosas y comparten los cambios y movimientos por los
que atraviesa una sociedad. Nuestro país no ha sido ajeno a
estos acuerdos. La Generación del 37, la del 80, son claros
ejemplos de personajes que superaban enconos o trabas personales para
establecer parámetros globales de funcionamiento y de reglas.
No es casualidad que esos acuerdos obtuvieran resultados exitosos.
Hoy hay una generación que puede -y debe- perseguir el objetivo
de alcanzar un consenso, la llamada Sub-40 o Generación Intermedia.
Hay tres razones muy claras para esto: ejercieron sus derechos democráticos,
no arrastran prejuicios o mochilas políticas y tienen una visión
de la globalidad diferente.
Esta generación ha ejercido sus derechos democráticos
siempre, es decir, ha votado desde sus 18 años ininterrumpidamente.
Ha convivido con las instituciones democráticas, con sus aciertos
y errores, sus falencias y virtudes, y cree, creemos, firmemente esa
sentencia de Churchill: "Se dice que la democracia es la peor
forma de gobierno excepto por todas las otras que se han intentado
de tanto en tanto." Creemos en la democracia y sus instituciones
pero entendemos que no están funcionando correctamente y queremos
cambiar esa realidad.
Esta generación tiene también una visión de la
globalidad diferente, incluso la ve como una oportunidad y no como
una amenaza. Ha convivido con la idea de que hay un mundo allá
afuera y que estar conectado con ese mundo es una realidad inevitable.
El aislamiento es imposible. La tecnología, el avance de las
comunicaciones y el transporte han achicado el mundo y la comunidad
global nos demanda que participemos de ella y la conozcamos y la vivamos.
Esa comunidad tiene reglas que cumplir y posiciones que tomar. No
podemos optar por la "no alineación", debemos ser
claros en nuestra posición respecto a los temas globales como
terrorismo, narcotráfico o, el nuevo drama, el tráfico
de personas. No podemos tampoco incumplir las reglas de la comunidad,
allí no podemos "arreglar" a los organismos de control,
no podemos ejercer el "paga Dios", aunque sean hábitos
culturales establecidos en nuestra sociedad. En esta comunidad global
se cultivan otros hábitos y el que los respeta, es respetado;
el que no, es ignorado.
Esta generación tiene, finalmente, una mayor vocación
de acuerdo y consenso. No arrastra una sed de revancha ni tiene escondidos
rencores, ni prejuicios contra un sector u otro. Para esta generación
Perón no es ni el salvador de todos los desprotegidos que luchó
contra la oligarquía; ni tampoco el monstruo que quemó
las iglesias y quería "hacer caer cinco de los de ellos
por cada uno de los nuestros que caiga". Perón es un gran
líder político en blanco y negro o un cansado presidente
que en las fotos hablaba detrás de un vidrio blindado. Como
todos los seres humanos cometió errores y aciertos y debemos
aprender de ambos para no repetir los primeros y para acentuar los
últimos. Para esta generación la dictadura no sirve
como forma de gobierno y la violencia y el terror no sirven como forma
de oposición. Y esta generación vive los derechos humanos,
ni los proclama, ni los reclama, los vive.
Políticos de todos los sectores, empresarios de todas las industrias
y teóricos de todos los pelajes hablan de la necesidad de un
consenso, de fijar políticas de Estado. Sin embargo, seguimos
navegando sin un rumbo claro, sin objetivos, sin planes que permitan
a la sociedad actuar en consecuencia. Cuando surge este tema en una
conversación, automáticamente se menciona al Pacto de
la Moncloa como ejemplo a seguir por nuestra dirigencia. Sin embargo
poca gente menciona un aspecto fundamental del mismo: el generacional.
El pacto al que arribaron los líderes españoles fue
mas allá de establecer las bases del nuevo período democrático
y su constitución. También establecieron la necesidad
de un "pase de antorchas" a la generación de jóvenes
que los seguían, reservando para sí mismos un espacio
de acompañamiento a través del parlamento o desde la
estructura partidaria. Este acuerdo generacional fue fundamental para
alcanzar los consensos a los que se arribaron y que pusieron a España
en una posición de liderazgo mundial. La Argentina de hoy necesita
de un pacto similar, y puede alcanzarlo a través de esta generación.
Esta idea no es sólo el sueño de un joven dirigente
sino una realidad comprobada en distintas ocasiones. Hay una intención,
un deseo, de este grupo generacional por entendernos y por terminar
con la pérdida de tiempo en peleas y discusiones de otra época.
Tenemos familiares y amigos que se han ido a vivir al exterior, los
que elegimos quedarnos queremos que vuelvan. Aún mas, queremos
asegurarnos que nuestros hijos no tengan que irse nunca.
Medio país bajo la línea de la pobreza, 7 de cada 10
jóvenes de 15 años que no pueden leer textos extensos,
gritan desesperadamente la falta de un camino claro. Estos son algunos
de los temas que consideramos interesantes para dialogar, diálogo
en el que todos deben participar. No nos importa si militó
en uno u otro lado, sino que tenga vocación real de debatir
la solución de los problemas que enfrentamos. La historia está
escrita o se escribirá, pero no se puede cambiar. No es el
papel de un político el de revisar o discutir la historia sino
el de debatir sobre el futuro, consensuando políticas de Estado
que aseguren un país inclusivo, tolerante y equitativo. Un
país, finalmente, que sea una Nación en serio. |
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