MAYO 2005
Acuerdo generacional


Las bases de los acuerdos generacionales son que las mujeres y los hombres de una generación tienen una vivencia similar, una visión similar de las cosas y comparten los cambios y movimientos por los que atraviesa una sociedad. Nuestro país no ha sido ajeno a estos acuerdos. La Generación del 37, la del 80, son claros ejemplos de personajes que superaban enconos o trabas personales para establecer parámetros globales de funcionamiento y de reglas. No es casualidad que esos acuerdos obtuvieran resultados exitosos. Hoy hay una generación que puede -y debe- perseguir el objetivo de alcanzar un consenso, la llamada Sub-40 o Generación Intermedia. Hay tres razones muy claras para esto: ejercieron sus derechos democráticos, no arrastran prejuicios o mochilas políticas y tienen una visión de la globalidad diferente.

Esta generación ha ejercido sus derechos democráticos siempre, es decir, ha votado desde sus 18 años ininterrumpidamente. Ha convivido con las instituciones democráticas, con sus aciertos y errores, sus falencias y virtudes, y cree, creemos, firmemente esa sentencia de Churchill: "Se dice que la democracia es la peor forma de gobierno excepto por todas las otras que se han intentado de tanto en tanto." Creemos en la democracia y sus instituciones pero entendemos que no están funcionando correctamente y queremos cambiar esa realidad.

Esta generación tiene también una visión de la globalidad diferente, incluso la ve como una oportunidad y no como una amenaza. Ha convivido con la idea de que hay un mundo allá afuera y que estar conectado con ese mundo es una realidad inevitable. El aislamiento es imposible. La tecnología, el avance de las comunicaciones y el transporte han achicado el mundo y la comunidad global nos demanda que participemos de ella y la conozcamos y la vivamos. Esa comunidad tiene reglas que cumplir y posiciones que tomar. No podemos optar por la "no alineación", debemos ser claros en nuestra posición respecto a los temas globales como terrorismo, narcotráfico o, el nuevo drama, el tráfico de personas. No podemos tampoco incumplir las reglas de la comunidad, allí no podemos "arreglar" a los organismos de control, no podemos ejercer el "paga Dios", aunque sean hábitos culturales establecidos en nuestra sociedad. En esta comunidad global se cultivan otros hábitos y el que los respeta, es respetado; el que no, es ignorado.

Esta generación tiene, finalmente, una mayor vocación de acuerdo y consenso. No arrastra una sed de revancha ni tiene escondidos rencores, ni prejuicios contra un sector u otro. Para esta generación Perón no es ni el salvador de todos los desprotegidos que luchó contra la oligarquía; ni tampoco el monstruo que quemó las iglesias y quería "hacer caer cinco de los de ellos por cada uno de los nuestros que caiga". Perón es un gran líder político en blanco y negro o un cansado presidente que en las fotos hablaba detrás de un vidrio blindado. Como todos los seres humanos cometió errores y aciertos y debemos aprender de ambos para no repetir los primeros y para acentuar los últimos. Para esta generación la dictadura no sirve como forma de gobierno y la violencia y el terror no sirven como forma de oposición. Y esta generación vive los derechos humanos, ni los proclama, ni los reclama, los vive.

Políticos de todos los sectores, empresarios de todas las industrias y teóricos de todos los pelajes hablan de la necesidad de un consenso, de fijar políticas de Estado. Sin embargo, seguimos navegando sin un rumbo claro, sin objetivos, sin planes que permitan a la sociedad actuar en consecuencia. Cuando surge este tema en una conversación, automáticamente se menciona al Pacto de la Moncloa como ejemplo a seguir por nuestra dirigencia. Sin embargo poca gente menciona un aspecto fundamental del mismo: el generacional.

El pacto al que arribaron los líderes españoles fue mas allá de establecer las bases del nuevo período democrático y su constitución. También establecieron la necesidad de un "pase de antorchas" a la generación de jóvenes que los seguían, reservando para sí mismos un espacio de acompañamiento a través del parlamento o desde la estructura partidaria. Este acuerdo generacional fue fundamental para alcanzar los consensos a los que se arribaron y que pusieron a España en una posición de liderazgo mundial. La Argentina de hoy necesita de un pacto similar, y puede alcanzarlo a través de esta generación.

Esta idea no es sólo el sueño de un joven dirigente sino una realidad comprobada en distintas ocasiones. Hay una intención, un deseo, de este grupo generacional por entendernos y por terminar con la pérdida de tiempo en peleas y discusiones de otra época. Tenemos familiares y amigos que se han ido a vivir al exterior, los que elegimos quedarnos queremos que vuelvan. Aún mas, queremos asegurarnos que nuestros hijos no tengan que irse nunca.

Medio país bajo la línea de la pobreza, 7 de cada 10 jóvenes de 15 años que no pueden leer textos extensos, gritan desesperadamente la falta de un camino claro. Estos son algunos de los temas que consideramos interesantes para dialogar, diálogo en el que todos deben participar. No nos importa si militó en uno u otro lado, sino que tenga vocación real de debatir la solución de los problemas que enfrentamos. La historia está escrita o se escribirá, pero no se puede cambiar. No es el papel de un político el de revisar o discutir la historia sino el de debatir sobre el futuro, consensuando políticas de Estado que aseguren un país inclusivo, tolerante y equitativo. Un país, finalmente, que sea una Nación en serio.