Gracias a la sorpresiva decisión de nuestro Jefe de Gobierno se iniciará en pocos días más una nueva campaña electoral en la Ciudad de Buenos Aires.
Los temas a tratarse seguirán el camino usual de las urgencias: seguridad, caos en el tránsito, educación y el destino de la basura. No deberemos pasar por alto además la situación desesperante de 5.000 niños que viven en la calle.
No habrá lugar en el debate para el largo plazo porque, precisamente, éste siempre está muy lejos, a una distancia abstracta. Un tema importante y esencial –casi con seguridad- no estará en la agenda: el desarrollo urbano y su impacto ambiental. Sin embargo, urge incorporarlo a la discusión y las propuestas.
El mundo entero esta tomando conciencia del peligro que supone este impacto: reducción de gases, biocombustibles, fuentes de energía alternativa. Todas iniciativas que nacieron hace varias décadas a partir de una importante toma de conciencia. La Ciudad de Buenos Aires, muy a nuestro pesar, no ha adecuado su proyecto urbano a esta nueva realidad. Esta campaña electoral, sin duda, es una nueva oportunidad que tenemos los porteños para instalar en la agenda este tema prioritario.
Resulta trascendente tener en cuenta que otras ciudades del mundo no desarrollado, en Latino América y África, han comenzado a aprovechar fondos disponibles para este tipo de iniciativas. Dos instituciones en particular, el GEF (Global Environment Facility) y el CDM (Clean Development Mechanism), ofrecen financiamiento a ciudades que implementen políticas de mejora ambiental.
La ciudad de México, por ejemplo, ha comenzado una reforma de su sistema de transporte publico con los BRT, un sistema que combina la eficiencia del tren con la efectividad del colectivo. La inversión permitirá reducir costos por 750 millones de dólares anuales.
En la ciudad de Manila, en las Filipinas, se lanzó otro proyecto, también financiado por el GEF, que propone duplicar la participación de las bicicletas como transporte urbano. El proyecto calcula un retorno de 2 dólares sobre cada dólar invertido por mejoras de salud y del medio ambiente.
Un proyecto similar en Lima, Perú, calcula un ahorro de casi 8 dólares mensuales per capita, según un informe del Banco Mundial.
Es evidente que el cuidado del medio ambiente deriva per se en la discusión sobre el transporte público, uno de los tres temas centrales que tienen las ciudades importantes como la nuestra.
Por su parte, algunos países de África ya están utilizando fondos del CDM para transformar la basura en fuente de energía.
Existen dos procesos principales para el tratamiento de los residuos. Uno que quema la basura para obtener energía, que es considerado “no renovable” y otro que utiliza la generación de gas metano en los mismos depósitos. Este último es el considerado más “limpio” ya que al reducir las emisiones de metano a la atmósfera (es 23 veces más contaminante que el dióxido carbono), es de por sí un proceso de limpieza del aire. Si además genera energía el efecto es doblemente saludable. En los Estados Unidos se producen 2.500MW por esta vía, es decir, el 15% de toda la energía eléctrica generada en la Argentina.
A la par de mejorar el transporte, utilizar la basura y cuidar la emisión de gases tóxicos, una política ambiental puede incorporar el desarrollo de energía solar y el fomento de energías alternativas para vehículos particulares. El primero esta siendo utilizado en forma masiva, por ejemplo, en China; mientras que los vehículos impulsados con hidrogeno ya circulan en las grandes ciudades de Europa y los Estados Unidos.
Buenos Aires puede, y debe, mejorar su perfil ambiental. Sólo como muestra debemos pensar en la primer industria porteña, el turismo, y cómo una mejora en la calidad del medioambiente redituaría para todos los que piensan en visitarnos. Este cambio posible que aquí proponemos no sólo redundará en beneficios directos e indirectos para la comunidad, sino que también sentará un ejemplo a seguir para otras ciudades importantes.
Frente a cuestiones como el cuidado ecológico de nuestra ciudad, es la obligación de quienes actuamos en política mostrar que existen alternativas y que éstas no son simples sueños o utopías. El objetivo de esta propuesta no es otro que el de afirmar que una política ambiental no empieza en el agua y termina en el aire, sino que es la base de un proyecto de ciudad.
Además de especular con posibles nombres de candidatos y listas electorales; ¿no deberíamos preguntarnos qué ciudad queremos dejarle a nuestros hijos? |