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Por un lado, los recursos naturales de agua
y tierra con los que cuenta la Argentina la diferencian en
el contexto mundial y la han posicionado como uno de los países
más importantes en tanto productores y exportadores
de productos agropecuarios. Asimismo, cuenta con veinte millones
de hectáreas aptas para la producción forestal,
de las cuales sólo un cuatro por ciento se encuentra
en producción.
Por otro lado, a medida que se avanza en el actual siglo,
la industria se convierte en la principal generadora de los
cambios requeridos para que los problemas ambientales del
planeta sean resueltos a través de soluciones sostenibles.
Creemos que los objetivos de la economía y desarrollo
sostenible no necesariamente deben estar en pugna. Si se elige
el camino apropiado, el país puede tener un sistema
de comercialización abierto, fuerte, sano y lograr
un desarrollo sostenible al mismo tiempo.
En este sentido, la apertura del mercado
y el afán de reducir los costos pueden llevar a una
utilización más eficiente de los recursos naturales,
que, a su vez, reduzca la presión sobre el medio ambiente.
Por ello es necesario un proyecto autónomo para el
desarrollo de las industrias y un rol activo en la defensa
de los recursos naturales.
En este proyecto, debe estar presente la tecnología
como clave para el desarrollo del país. Los mercados
abiertos proporcionan mayores oportunidades para el flujo
de tecnologías compatibles con el medio ambiente. La
riqueza generada por el aumento del comercio puede ser utilizada
para desarrollar tecnologías ambientales más
avanzadas y poner en práctica nuevas actividades de
conservación.
Por ello consideramos que los elementos clave en la gestión
global del medio ambiente y el cuidado de los recursos naturales
debe basarse en los siguientes principios constitutivos de
nuestra ética:
1. El principio de precaución: la
incertidumbre científica sobre eventuales daños
serios o irreversibles al medio ambiente no debe obstaculizar
decisiones precavidas con respecto al medio ambiente.
2. El principio de obligaciones diferenciadas:
todas los estados e internamente, todas las empresas, comparten
responsabilidades comunes para alcanzar el desarrollo sostenible,
pero al ser los países industrializados responsables
en mayor medida de los problemas ambientales globales, deben
contribuir a su solución acordemente.
3. Reparación equitativa : El que
contamina paga. Quien con su acción ha contribuido
a la contaminación del medio ambiente, y no la sociedad
en su conjunto, debe aportar de manera equitativa a su reparación.
La relación entre la economía y la protección
ambiental implica para las empresas la posibilidad de enfrentar
ciertos desafíos tangibles a medida que trate de aumentar
la comercialización de sus productos y servicios.
Para ello es necesario, cumpliendo con la protección
del medio ambiente y con el cuidado de los recursos naturales,
el desafío de la competitividad, la permanencia en
el mercado, la visión suficiente para realizar inversiones
y equilibrar la gestión ambiental con el proteccionismo
comercial. |
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