Un pan que promueve el compañerismo!
Los estudiantes de 6º grado de la Escuela 18 D.E.13, junto a su docente, crearon una pequeña fábrica de pan. Amasaron, diseñaron un logotipo y realizaron los empaques. ¿Lo mejor del proyecto? Se convirtieron en un grupo más unido.
Divididos en departamentos (producción, ventas y publicidad) los chicos empezaron a elaborar el pan para vender y recaudar fondos para ayudar a la cooperadora escolar.
“Elegíamos nosotros en qué departamento íbamos a estar, aunque como la mayoría quería ir a producción, cada día que hacíamos pan iban cambiando los chicos, así todos pasábamos por los distintos departamentos”, comentó a Integrar Valentina, alumna de 6to grado mientras sonreía por el logro conseguido.
Es que no sólo fabricaron pan, sino que también realizaron los envoltorios, crearon un logotipo, realizaron las etiquetas y se convirtieron en un grupo más unido.
Paso 2. Amasaron y dieron forma a los panes.
Orgullosa del trabajo realizado, Leal contó que cuando llegó a la escuela “el grupo venía con un cartel colgado de que era terrible”, por eso se propuso hacerlo transitar por una experiencia que “reconciliara (a los chicos) un poco consigo mismos al poder dar algo a los demás”.
Así fue como surgió la propuesta de hacer una mini-fábrica de pan, donde cada alumno pudo conocer y desenvolverse en las diferentes áreas con un fin común: ayudar a la cooperadora de la escuela.
Anécdotas de 6to grado
Como parte del trabajo, los chicos plasmaron el camino recorrido en “La mini-fábrica de pan”, el blog institucional donde publicaron anécdotas, investigaciones, comentarios y fotos.
“Supimos trabajar en grupo sin pelearnos, sin discutir, hablábamos y lo solucionábamos”, reflexionó Valentina, quien, junto a sus compañeros, cree que ese fue su mayor logro.
Paso 4. ¡Listos para vender!
El proyecto fue una propuesta interdisciplinaria donde se entrelazaron contenidos de matemática, ciencias sociales y tecnología que contó con la colaboración y el apoyo de los docentes, directivos, personal de la escuela y fundamentalmente de las familias.
“Cuando logramos fabricar y poner nuestros panes calentitos a la venta, nos arrepentimos y los queríamos comer todos nosotros. Nos tuvo que convencer la maestra de nuevo”, contaron los alumnos del grado. Y agregaron: “Sentíamos que los panes eran nuestros bebés”.
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